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Calamocha y Alfambra responden con gran asistencia de público a la propuesta de información acerca de las centrales de biogás

El  Movimiento ciudadano Teruel Existe ofreció un encuentro con el científico del CSIC, investigador y profesor Fernando Valladares, quien trasladó los datos técnicos de este sistema y aclaró todas las dudas de los asistentes: “comparar información es un ejercicio muy saludable y democrático”

Ernesto Romeo, del Movimiento ciudadano, anunció que Teruel Existe pondrá a disposición de todos los interesados las alegaciones que han preparado al proyecto de Calamocha, en plazo hasta el día 15

El Movimiento ciudadano Teruel Existe convocó a la ciudadanía de Alfambra y Calamocha en sendas reuniones informativas a  cargo del científico del CSIC, Fernando Valladares. 

Calamocha

Acompañado por Ernesto Romeo, del grupo de Energía y Medio Ambiente del Movimiento ciudadano, Valladares expuso los detalles del funcionamiento de las plantas de biogás con el objetivo de poner sobre la mesa la mayor variedad de información, desde aspectos económicos, sociales, culturales, ambientales, sanitarios… Además, se hizo eco de las preocupaciones locales de la población ante un proyecto en concreto. Algunos de los presentes manifestaron el desconocimiento sobre este proyecto y denunciaron el poco tiempo con el que se plantea el plazo de alegaciones.

Para Valladares, el proyecto de Calamocha, que se encuentra en plazo de presentación de alegaciones, “tiene una serie de problemas, digamos, crónicos. Como la falta de coordinación con otras iniciativas parecidas en el territorio”. Para el técnico, falta organización y regulación para la implantación de estas centrales, porque hay que contemplar los proyectos en el territorio en su conjunto, más allá de cada proyecto en cada población en sí misma”.

No se mostró convencido acerca del origen y la gestión sostenible de los residuos que alimentan las plantas de biogás. Y, en concreto, la de Calamocha, “lo que más preocupa es la gran proximidad al casco urbano, que se recomienda que sea varios kilómetros y, en este caso, no llega ni a uno. Con lo cual, a los problemas o las alertas que normalmente despiertan las plantas de biogás por su tamaño y su impacto, la de Calamocha tiene este problema añadido”. 

Fernando Valladares se adentró en el análisis de los problemas que pueden surgir: “Hay problemas ambientales y de salud, que son por los que se empieza a preocupar la ciudadanía y con razón. Problemas respiratorios, problemas que acaban teniendo consecuencias incluso laborales, bajas laborales, o que acrecientan dolencias previas. También está la contaminación potencial del suelo, del agua, que va asociado a estas instalaciones (a pesar de que se ponga cuidado). Riesgos de accidentes…

Habló también de otras familias de problemas como la propia economía, dado que cuando se habla de la creación de economía y empleo se dan cifras que a veces no son del todo ciertas o no se valora la pérdida de empleos o empresas que eligen no instalarse cerca de esta centrales. Por otra parte, “muchas de estas instalaciones acabarán tarde o temprano por no ser muy rentables y no está muy claro ni cuándo van a dejar de serlo, ni qué se va a hacer con ellas cuando dejen de ser rentables”. Luego “llega la depreciación de las viviendas. El valor de las viviendas en un radio amplio de una planta de biogás cae en picado como hemos visto en poblaciones valencianas, por ejemplo. ¿Por qué tienen que ser los propietarios los que paguen las consecuencias de esa instalación? ¿Cómo se les indemniza?” Para Valladares, todo esto parte del problema de considerar algunas zonas como “de sacrificio. ¿Cómo hemos llegado a esa situación de que hay zonas en las cuales está permitido todo?”

Se adentró también en el tema democrático que subyace a todo esto, “que es el de la falta de transparencia. Los proyectos se comunican tarde, mal y nunca.La gente se entera como se entera. Luego hay partes del proyecto que nunca se revelan. Por ejemplo, el modelo económico  de negocio parece que es secreto, pero es importante y debería ser conocido. Queremos saber también acerca de los actores implicados, o del papel de los responsables políticos”. 

El proyecto de Calamocha

Acerca de la preocupación en Calamocha por el tema de los olores, si bien las personas que fueron invitadas por el promotor a Alemania a ver plantas supuestamente similares señalaron que no olían, Valladares expuso: “Por lo que sé, las plantas que se visitaron en Alemania ni estaban en funcionamiento ni eran comparables en dimensiones y en características técnicas con las que hay plantadas aquí. A mí me parece que esa visita fue lo más parecido a un brindis al sol. Realmente no te hace ver cómo es el funcionamiento de una planta de biogás en plena producción. Y una planta de biogás, las que nos preocupan son las grandes, las de más de 100.000 toneladas de residuos orgánicos al año. Entonces, esas visitas son muy simbólicas y muy poco efectivas. Me parece mucho más útil lo que ha ocurrido hoy en Calamocha o en Alfambra, que son debates. Traigo información que muchas veces es incómoda, que no es frecuente que se presente en la fase de proyecto, donde todo se presenta en positivo para sacar adelante el proyecto.Pero creo que la valoración tiene que ser mucho más objetiva y ver los lados oscuros, las consecuencias de salud, económicas, etcétera, y por qué tienen que ser determinadas personas y por qué a esas personas o a esa población no se la indemniza o cómo se podría indemnizar y no se la hace partícipe de proyectos que son una potencial amenaza para su calidad de vida (…)  Hay que escuchar y pensar y leer y compensar esa otra información, esa otra mirada que el promotor de entrada no te va a traer y eso es lo que se hace con estas conferencias y como digo, creo que es un ejercicio muy saludable”.

Preguntado por el vertido de purines y nitratos, para Valladares, estas plantas “no son la solución a casi nada, pero pueden contribuir a aliviar problemas energéticos y a una cierta soberanía energética, también a aliviar problemas de contaminación orgánica, pero solo una parte y bastante pequeña”. Añade que de estas plantas sale un residuo orgánico que va a haber que saber tratar, entonces se está pasando la pelota de una planta en la que se producen animales a una planta en la que se fermentan los residuos y esto no resuelve del todo el problema”. 

Considera que hay alternativas y que la idea original de una planta de biogás no es mala, “como una instalación pequeña para darle una economía digamos auténticamente circular en la misma instalación donde se cultivaba, donde se criaban animales los residuos se ponían a fermentar y de ahí salía en primer lugar temperatura y después unos gases que se podían aprovechar; pero claro, eso es una economía de una escala muy pequeña que no da una gran rentabilidad en sí la producción de gas. Lo que puede dar rentabilidad económica es en la instalación completa, pero ahora cuando se quiere ver que la propia producción de gas sea un negocio para hacerlo hay que acudir a la clásica economía de escala y hacerlas grandes y ahí entramos en un rifirrafe de qué es grande, qué no es grande. Para los que quieren sacar dinero, cuanto más grande mejor; para los que nos preocupan los impactos, como los impactos y los problemas crecen muy rápidamente con el tamaño, cuanto más pequeña mejor. Y eso es democracia, eso es balancear, ver alternativas, ubicaciones, tamaños y de eso es lo que hay que hablar”.

En esta línea, afirma que “van surgiendo propuestas desde la ciencia, de momento pocas y puntuales de plantas pequeñas coordinadas que pudieran en una manera como de tejido en el territorio, como una red coordinada pues digerir, fermentar unas cantidades grandes pero que cada una individualmente acomete unas cantidades más pequeñas. Eso es un modelo lógicamente con más coste, coste de instalación, coste de mantenimiento, coste de transporte pero con muchos menos riesgos, mucho más en la línea de lo que estábamos diciendo de reducir los impactos y los riesgos a expensas de reducir un poco la rentabilidad económica.